miércoles, 4 de noviembre de 2026

Encontrar vida

 

Encontrar vida

 

Qué difícil, pero qué difícil, es encontrar un poco de vida. Con vida no me refiero al acto de estar vivo, sino al concepto de vivir. Que mantenerse algo es bastante simple, pero serlo es complejo. Yo puedo mantenerme vivo, es algo, lo hago y ya. ¿Pero buscar vivir? Eso es agotador. Creo que a este punto ya entiende el discurso tan pesimista que presento, estoy cansado, eso ya lo sabe.

Busco vida comprándola a por mayor, quizás el precio me salga fácil, la calidad no importa. Compro vida descartable, para decir que estuve aquí, referenciando a un genio. Me gusta la música, ojalá pudiera ser músico. Lo he sido, pero como todo lo que me hace feliz no me alcanzó para vivir. Sí me considero artista plástico, porque de alguna forma el estar muerto me lleva a crear algo que está más que vivo. Me gusta el arte, no lo suficiente para vivir, pero sí para vivirlo.

Creo que tengo un problema muy grande: Amo la vida, odio vivirla.

Sé que suena contradictorio con lo que alguna vez le he contado, pero soy un ser sumamente cambiante y diría que nunca soy el mismo.

Amo la vida cuando llueve pero hace calor. La amo también cuando puedo pintar un cuadro y mostrárselo a mis amigos. Amo ser apreciado, supongo que llena alguna carencia que no recuerdo de forma precisa. Con la vida se van los recuerdos, con la vida se va la vida. Amo no sentirme solo, irónico siendo que vengo de una naturaleza vampíricamente individual. Los vampiros también merecen estar acompañados, es lo que todos buscamos.

 

Busco con esto no solo no sentirme solo, sino que también alguien más pueda sentirse acompañado. Ojalá algún día mis palabras sin sentido hagan sentido para alguien, cualquiera, quién sea, por favor.

Yo hoy leí a Kafka y me sentí un poco yo, no termino de entender por qué, teniendo en cuenta que no compartimos vivencias. Eso es algo que nunca terminaré de entender y es algo que, también, me mueve mucho. Cómo yo, siendo yo, y lo que escribe él, siendo tan kafkiano, podemos coincidir y entendernos. Creo que Franz me hubiera entendido, yo también tengo unos mambos locos con presentarme y representarme en algo que no soy totalmente. Ah, también adoro criticar al sistema y, por un tiempo, tuve conflicto con mi padre. Y hago cartas a los que amo. Al final, somos el mismo.

Quizás Kafka decida morir antes de parecerse a mí, pero como ya está muerto, mucho no interesa.

 

El clima de hoy me preocupa, si bien está lluvioso y eso normalmente no me disgusta, es una lluvia grotesca, casi de sangre. Ojalá lloviera sangre, la mía, que la extraño. Extraño hacerme daño y buscar morir, eso me hacía sentirme vivo, pero no vivir. ¿Hace sentido? Yo sé que sí, usted también lo sabe, si no, no leería esto. No me preste mucha atención, tengo problemas graves de autorregulación y percepción, mi realidad subjetiva está muy alejada de la objetiva, realmente.

Hablar (escribir) y que me escuchen (lean) me hace querer vivir un poco, realmente me encanta transmitir ideas y que sean reales para los demás. Por eso cuento tantas boludeces que a nadie le importa, quizás a usted, tal vez ni eso. Dioses, qué difícil encontrar vida, un poco de vida, en esta mente tan perversa y deprimida.

Se supone que yo vine a hablar de vampiros. ¿Cómo llegué hasta acá? Supongo que no puedo habitar ningún espacio sin querer hacerlo mío ¿Es acaso eso señal de vida? Quizás solo busco no ser olvidado, como todos. Cuando muera definitivamente, algo quedará de mí, en algún cementerio en una tumba que me reduce a la pequeñez. O quizás nada y eso sería lo mejor, descansar en paz al fin, sin nada que me ate a querer vivir esta vida de mierda.

Qué difícil encontrar vida.

jueves, 29 de octubre de 2026

Quiero que sea de día

 

Quiero que sea de día


Hoy, en especial, estoy totalmente cansado y errático, la vida me come la carne a pedacitos y no aguanto absolutamente nada más. Creerá que exagero, yo creo que no. No puedo encontrar paz entre mi ser.

Busco la noche, pero no el sueño, y me gustaría un buen vino en caja o un poco de vodka. Mataría por un poco de vodka. Mataría, hoy, incluso sin vodka.

No espero que entienda, porque usted no comprende el sacrificio que significa vivir tanto y aun así no encontrarse. Porque lo difícil no es vivir, en realidad es encontrar la forma de vivir y, además, diferenciar entre vivir y morir. Que podrán pensar que son muy diferentes, pero yo sé que en el fondo son lo mismo. Al final todo lo que parece diferente la vuelta y, bueno, es lo mismo.

Suelo, como hoy, irritarme por mi mismo, creyendo que tengo la razón sobre el mundo y tiendo a pensar que todos, y cuando digo todos es todos, me odian. No significa que sea cierto en la realidad objetiva, pero lo es en mi realidad subjetiva donde yo, y solo yo, soy el mal del mundo que me rodea. Suelo, también, convencerme de que tengo la razón siempre, en especial con las cosas negativas. Quisiera vivir en incertidumbre y nunca tener certeza de nada.

 

Mataría, realmente, por una bebida alcohólica o mis medicamentos. Amo todo lo que me hace irme, pero quedarme, pero no estar. Y si fuera de día, con mis sueños de colmillos y sangre, podría intentar ser normal con un poco de todo eso encima, y luego, quizás, porque digo mucho quizás, podría dormir. De día, dormir de día.

Quiero que sea de día. Cualquier día de la semana, incluso los domingos, me tratan con mucha más amabilidad que las noches crudas. Y sé que piensa que eso es imposible, pero pienso, creo, que quizás los vampiros son más que noches tétricas y alergia al sol. Quizás ellos también disfruten de un domingo melancólico o un jubilo viernes. Si es que les siguen importando cosas tan banales como nombrar días, semanas y meses, que existen para infundirnos cierta tristeza y mantener un cierto orden, creo. Ya sabe, al margen con la vida.

Yo no me siento del todo al margen con la vida, soy irracional e irascible y sumamente triste, pero eso ya lo debe saber, creo. Todos los que tienen la desdicha de conocerme deben saber como soy, tan sumamente deprimido y enojado.

Quiero que sea de día para poder descansar, si es que los vampiros descansan, yo no lo hago, tal vez no soy vampiro. Quisiera ser vampiro, pero también quiero ser humano, y tengo mucho sueño.

Tal vez la vida me acurruque y me cante canciones para que los nenes duerman. Quiero dormir como un nene, tengo sueño y no es día. Y quiero que sea de día. No para siempre, quizás algunas veces, como siempre. Pero esas nuevas veces podré apreciarlo, hace días no aprecio absolutamente nada.

 

 

 

lunes, 19 de octubre de 2026

Llanto de cabra al cielo nocturno

 

Llanto de cabra al cielo nocturno

 

Los cementerios son lugares inquietantes. Creerá que yo, ser nocturno y de la muerte, los consideraría emocionantes, pero no es así. Bueno, sí me emocionan, como a todos, pero no me mueven con felicidad, me hacen llorar. Me asustan y cohíben, me recuerdan que soy, dentro de todo, efímero, que todos lo somos.

En el cementerio vi a mi abuela y no supe que decirle. El clima estaba sorprendentemente agradable, no siempre sabe acompañar emociones.

Fue raro, muy diferente, ver a una mujer que siempre fue imponente y extravagante ser reducida a un cubículo de material. Tan pequeña allí adentro, no podrán entrar todas sus decoraciones, ni sus oraciones, ni sus emociones.

Ella nunca me conoció como soy ahora, tan distinto y turbio, putrefacto. Siempre fue vida, la muerte no le hace justicia. Espero esté con su Dios.

 

Eso me recordó que hace tiempo no veo mi sangre, los muertos ya no tienen sangre. Me inquietó la idea de ya no tenerla, de no apreciar su carmín nunca más, de no observarla mientras me duele. Pero luego recordé que, si mis manos se ponen pálidas al entrar a un hogar de fallecidos o, por otro lado, mi rostro se sonroja ante una linda acción, entonces tengo sangre. ¿Eso me hace más o menos vampiro? Tengo miedo de estarme perdiendo buscando en otros algo tan valioso, como lo hacen ellos, cuando en realidad siempre estuvo en mí. Pero de encontrarlo no sabría qué hacer, creo. Me la bebería simplemente, porque no puedo desesperarme por algo que ya es inherentemente mío ¿No es así? Y si nada es mío, y debo buscarlo en otros, pues entonces también me la bebo.

 

Siempre he tenido miedo de que otros me perciban mal, ahora temo que no me perciban en lo absoluto.

Si yo tuviera un cadáver, aparte de que sería muy atractivo, lo enterrarían con algo que no me corresponde, supongo. Quizás nada me corresponde, tal vez por eso también soy vampiro, o tampoco, o no soy nada y punto. ¿Usted entiende eso? Los vampiros no pertenecen, por eso son vampiros, yo pertenezco un poco sí y un poco no, por eso no soy nada. Los vampiros al menos tienen sus nombres en sus tumbas, yo temo no tener eso siquiera cuando me entierren, cuando lo hagan.

Temo también por la indiferencia, llorar mucho y que a nadie le importe, como el llanto de una cabra al cielo nocturno o de una madre sola sin sus hijos, o de hijos solos sin su madre. Porque ella está en el cementerio. La noche también me llora, quizás la luna esté siempre triste, al igual que yo. ¿Los vampiros están tristes? Creo que sí, que siempre lo están, ya que nunca los dejan descansar. La nostalgia no los deja descansar.

domingo, 18 de octubre de 2026

Todos mis sueños con colmillos

 

Todos mis sueños con colmillos
 

De hombres lobo, fantasmas y gárgolas no he aprendido nada. De vampiros, por otro lado, lo he sentido todo. Tanto, tanto, que he pensado en volverme uno y, entonces, aprenderlos de verdad.

Hoy hablo para que usted entienda, si es que quiere, lo que soy hoy. Porque yo no puedo.

 

Cuando era joven, que sigo siendo niño, pero lo fui aún más, creía mucho en cualquier tipo de terror. El miedo me movía como creo que podría mover a cualquiera, el morbo también, pero quizás un poco menos. La sangre y los colmillos, mis queridos colmillos, representaban mi mayor admiración. Son odiados y asqueados, y eso es algo que me identificó por mucho tiempo.

La sangre es sabrosa, la carne aún más y el dolor. Ah, el dolor es una maravilla. El mío propio, claro, no pienso que el ajeno sea precioso, quizás por eso no soy un vampiro al completo. Quizás no soy nada al completo, ni siquiera yo.

 

Yo solía ser un nene muy enojado, claro, con mucho odio. Odio que era tristeza, eso nadie jamás lo entendió. Tampoco yo. Hay muchas cosas que no entiendo, muchos duelos que nunca terminé de entender. Y no hablo solo de la muerte, que ella no podría importarme menos, pero la pérdida de mí mismo es complicada, y duele. Quizás ese es el dolor del que tanto hablo, no solo acá, sino en vida, sueños y llantos.

Entiendo, sin embargo, cuando alguien tiene que marchar, no significa que me agrade y lo disfrute, pero sí que acepto que es algo real, que sucede, que sucederá. Porque va a pasar, todos se van, pero siempre, siempre están.

No recuerdo cuántos años tenía cuando murió mi abuela, tampoco quiero hacer cuentas para recordarlo. Pero sé que significó algo y que, aunque ya no exista en este plano, está presente siempre. Me lo hace saber. ¿Eso resuena acaso? Con usted, con alguien, quizás con todos. Ese fue el principio de mi descenso de la humanidad al vampirismo.

Aprendí ahí que la muerte era completamente el centro de los humanos, conocí en consecuencia a personas que creí haber visto toda mi vida, pero realmente nunca me detuve a observar. Creía conocerme a mí mismo también, pero nunca me detuve a observar.

 

Yo solía ser un nene muy triste, crecí para volverme un niño adulto muy resiliente. ¿Sabe lo que significa resiliente? Resiliencia es cuando una cabra negra le gana al diablo. Resiliencia es cuando un vampiro se supera y encuentra amarse. Resiliencia es cuando yo, porque estoy hablando de mí, dejo de hacerme sangrar los labios y aprendo a hablar. Hablar antes de la muerte, que ella se lleva a todos en silencio. ¿Entiende eso? No hablar es morir, la muerte es silenciosa. La vida tan ruidosa no nos deja dormir de noche, el dolor nos hace vivos. Por eso nunca seré totalmente vampiro, o quizás todos los vampiros están más vivos que nunca, porque la vida no los deja dormir de noche. Yo, como no soy ni vivo ni muerto, no sabría decirlo. Pero espero que usted entienda y algún día me dé la respuesta.

 

Aparte de triste y enojado, fui silencioso, pero no callado. Hablé de más cosas sin importancia, por supuesto, porque eso era más fácil. Me rehusé a pronunciar palabras con significado profundo, en cambio las escribía o las pintaba. Pintar me gusta, siempre fui el artista de la familia. Extraño a mi abuela, ella era el centro de mi familia.

Empecé a decaer a los once años, pero fue ahí qué me conocí. Estaba lleno de miedo y esperanza, el autodescubrimiento y reflexión es aterrador, pero tan embriagante. Entendí ahí el punto de ser vampiro: escapar de las normas reales y serias, y vivir nocturnamente en sueños de colmillos y amores. Los vampiros aman mucho, porque la nostalgia les duele al vivir tanto.